En 1953, científicos soviéticos observaron los primeros indicios de que despegar cinta adhesiva generaba radiación electromagnética inusual. Sin embargo, no fue hasta 2008 cuando físicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) asombraron a la comunidad científica: al desenrollar cinta adhesiva convencional dentro de una cámara de vacío a tres centímetros por segundo, el sistema produjo ráfagas de rayos X tan potentes que lograron capturar una radiografía nítida del dedo de un investigador.
El principio detrás de este fenómeno es la triboluminiscencia, un proceso físico en el que la fractura de enlaces químicos y la separación mecánica de materiales generan intensas cargas eléctricas. Cuando el pegamento acrílico se separa bruscamente del soporte de polietileno, se genera una diferencia de potencial gigantesca en una fracción de milímetro. Al saltar en el vacío, los electrones aceleran a velocidades extremas hacia la superficie positiva y, al chocar contra ella, liberan su energía en forma de fotones de alta energía mediante radiación de frenado o Bremsstrahlung.
En presencia de aire atmosférico habitual, este choque queda amortiguado por las moléculas de gas, produciendo únicamente un tenue destello azul visible en la oscuridad. Sin embargo, en condiciones de vacío, el proceso alcanza niveles de energía médica. Este hallazgo demostró que no se requieren complejos aceleradores ni fuentes radiactivas para generar pulsos radiográficos, inspirando el desarrollo de dispositivos de rayos X portátiles, económicos y seguros para zonas de catástrofe o futuras misiones espaciales.
Fuente: Revista Nature (Camara, C. G. et al., 2008: 'Correlation between nanosecond X-ray flashes and stick-slip friction in peeling tape')