Los caracoles terrestres poseen una capacidad de hibernación extraordinaria que supera a cualquier otro animal conocido.
Cuando las condiciones ambientales se vuelven adversas, como durante sequías prolongadas o inviernos extremos, los caracoles pueden entrar en un estado de estivación (hibernación de verano) o hibernación que puede durar hasta tres años consecutivos.
Durante este período, sellan la abertura de su concha con una membrana mucosa llamada epifragma, que actúa como una puerta hermética. Esta barrera protectora evita la pérdida de humedad y permite que el caracol sobreviva sin agua ni alimento.
Su metabolismo se ralentiza hasta niveles mínimos, reduciendo su frecuencia cardíaca y respiratoria casi hasta detenerse. Esta estrategia de supervivencia les permite resistir condiciones que serían letales para la mayoría de animales, esperando pacientemente el regreso de condiciones favorables para reanudar su actividad normal.
Fuente: Malacological Studies