La historia está llena de conflictos, pero pocos son tan extraordinarios como la Guerra Anglo-Zanzibariana, que ostenta el récord de ser el conflicto armado más corto jamás registrado. Este peculiar evento tuvo lugar el 27 de agosto de 1896, y su duración es aún más asombrosa: entre 38 y 45 minutos, dependiendo de la fuente. Todo comenzó cuando el sultán Hamad bin Thuwaini de Zanzíbar, un protectorado británico en la costa de África Oriental, falleció repentinamente. Su sobrino, Khalid bin Barghash, tomó el poder mediante un golpe de estado sin la aprobación británica, desafiando un tratado de 1886 que exigía la aprobación del cónsul británico para la sucesión al trono.
El Reino Unido, que buscaba mantener su influencia en la región, emitió un ultimátum a Khalid para que abdicara. Al no ser cumplido el ultimátum a las 9:00 a.m. del día siguiente, la Royal Navy, bajo el mando del contralmirante Harry Rawson, abrió fuego contra el palacio del sultán y sus defensas. Las fuerzas de Zanzíbar, compuestas por unos 2.800 hombres con armas rudimentarias y un yate real, no pudieron igualar el poder de fuego de los cinco buques de guerra británicos. El bombardeo fue devastador y rápido; el palacio comenzó a incendiarse, y el yate real fue hundido.
En menos de una hora, la resistencia de Zanzíbar se desmoronó. Khalid bin Barghash huyó al consulado alemán, donde se le concedió asilo. Los británicos instalaron a un sultán más favorable a sus intereses, Hamud bin Mohammed. Este incidente no solo es una nota al pie fascinante en los anales militares, sino también un crudo recordatorio de las desigualdades de poder en la era colonial, donde el destino de naciones enteras podía decidirse en menos tiempo del que se tarda en preparar una taza de té.
Fuente: History.com, Encyclopedia Britannica, Guinness World Records