En las marismas salobres de la costa atlántica de América del Norte habita un organismo que parece desafiar las leyes fundamentales de la biología: la babosa marina Elysia chlorotica. Aunque nace como un molusco translúcido y heterótrofo, este pequeño animal de aspecto foliáceo adquiere con el tiempo un intenso color verde y la asombrosa capacidad de alimentarse directamente de los rayos del sol.
Este fenómeno recibe el nombre científico de cleptoplastia. Cuando la babosa se alimenta del alga intermareal Vaucheria litorea, no digiere por completo sus células. En lugar de descomponer los cloroplastos —los diminutos motores celulares donde ocurre la fotosíntesis—, su sistema digestivo los absorbe intactos y los aloja en las células que recubren sus ramificaciones intestinales.
Lo verdaderamente extraordinario es la longevidad de este mecanismo:
- Autonomía solar: Tras alimentarse de algas durante sus primeras semanas de vida, un ejemplar adulto puede sobrevivir entre 9 y 10 meses sin ingerir alimento sólido adicional, dependiendo exclusivamente de la energía solar y el carbono fijado por los cloroplastos robados.
- Soporte genético: Los científicos descubrieron que la babosa no solo retiene los orgánulos, sino que ha incorporado genes del alga en su propio genoma para producir las proteínas necesarias que mantienen los cloroplastos activos.
Este insólito molusco representa uno de los pocos ejemplos documentados de un animal funcionalmente fotosintético, difuminando de forma brillante la línea divisoria entre el reino animal y el vegetal.
Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), estudio sobre cleptoplastia y transferencia genética en Elysia chlorotica.