En las capas superficiales de los océanos cálidos habita una de las criaturas más asombrosas del reino animal: el copépodo del género Sapphirina, popularmente apodado el zafiro de mar. Este minúsculo crustáceo, de apenas unos milímetros de longitud, posee la insólita capacidad de iluminarse de forma súbita con intensos destellos de color azul cobalto, violeta o dorado, para luego esfumarse por completo en el agua a la vista de depredadores y científicos.
A diferencia de la mayoría de los animales que obtienen su color mediante pigmentos biológicos, el zafiro de mar recurre a la coloración estructural. Su exoesqueleto dorsal contiene capas microscópicas perfectamente ordenadas de placas de cristales de guanina separadas por finas láminas de citoplasma celular. Las investigaciones ópticas han revelado detalles fascinantes sobre esta arquitectura:
- Precisión nanométrica: Cada placa cristalina mide exactamente entre 60 y 65 nanómetros de grosor, una distancia calibrada por la evolución para reflejar con máxima eficiencia las longitudes de onda de la luz azul visible (alrededor de 400 a 450 nanómetros).
- Invisibilidad angular: Cuando el copépodo varía ligeramente el ángulo de su cuerpo con respecto a la luz entrante, el reflejo luminoso se desplaza hacia el espectro ultravioleta, invisible para el ojo humano y para muchos peces depredadores, haciendo que el organismo parezca desaparecer al 99% de transparencia.
Esta proeza fotónica, observada principalmente en los machos durante rituales de cortejo, ha cautivado a los científicos de materiales, quienes actualmente estudian la nanoestructura de Sapphirina para diseñar pantallas flexibles antirreflejantes y recubrimientos ópticos de camuflaje de última generación.
Fuente: Journal of the American Chemical Society (JACS)