Mientras duermes, una tormenta de partículas viaja a 1,4 millones de kilómetros por hora desde el Sol. No es ciencia ficción: es el viento solar, un flujo constante de plasma que interactúa con el campo magnético terrestre.
En 1859, la Tormenta de Carrington provocó auroras tan al sur como el Caribe y quemó telégrafos. Hoy, una tormenta similar podría causar apagones masivos, dañar satélites y afectar GPS. La NASA estima que una super tormenta tendría un costo económico de 2 billones de dólares en EE.UU. solo.
Pero también es el artista de las auroras boreales. Cuando las partículas solares chocan con moléculas de oxígeno y nitrógeno, liberan energía en forma de luz verde, roja o púrpura. En 2024, las auroras se vieron desde México gracias a una erupción solar masiva.
El ciclo solar de 11 años dicta su intensidad. Estamos en el Ciclo 25, con un pico esperado para 2025. Los satélites como el SOHO y el DSCOVR monitorean el viento solar para darnos hasta 60 minutos de advertencia.
Fuente: NASA Space Weather Prediction Center, NOAA