Los bosques cubren aproximadamente el 31% de la superficie terrestre y actúan como gigantescas fábricas de oxígeno. Durante la fotosíntesis, los árboles absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno, regulando el clima y la calidad del aire. Se estima que la Amazonía sola produce el 20% del oxígeno del planeta, aunque su función real es más compleja debido a los ciclos de respiración y descomposición. Además, los bosques almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa y suelos, desempeñando un rol crucial en la mitigación del cambio climático. Sin embargo, la deforestación acelerada está reduciendo esta capacidad, poniendo en riesgo la estabilidad climática global. Las especies forestales más antiguas, como las secuoyas milenarias, demuestran cómo los árboles pueden vivir miles de años, almacenando carbono a largo plazo y manteniendo corredores biológicos esenciales.
Fuente: World Wildlife Fund