Imagina un alimento que no necesita suelo, agua ni luz solar para crecer, sino solo electricidad y el dióxido de carbono que exhalamos. Científicos de la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, han logrado cultivar el hongo comestible Pleurotus eryngii (conocido como seta de cardo) en un bioreactor que utiliza electricidad renovable para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno. El hongo consume el hidrógeno y el CO2 para sintetizar proteínas y carbohidratos, logrando un rendimiento diez veces mayor que la soja por hectárea, pero sin necesitar tierra arable.
Este proceso, descrito en la revista Nature Food en 2022, no solo produce alimentos de forma ultralocal (incluso en estaciones espaciales o desiertos), sino que también actúa como sumidero de carbono, retirando CO2 de la atmósfera. Por cada kilogramo de hongo producido, se fijan aproximadamente 2 kilogramos de CO2. El sistema es cerrado: el oxígeno liberado puede ser respirado por humanos, cerrando el ciclo con una eficiencia asombrosa.
Esta tecnología podría revolucionar la seguridad alimentaria en zonas áridas, misiones espaciales o ciudades densas, eliminando la necesidad de transporte de alimentos y reduciendo drásticamente la huella ecológica de la agricultura tradicional.
Fuente: Estudio publicado en Nature Food (2022) por el equipo de la Universidad de Wageningen, Países Bajos.