En 1939, el ingeniero soviético Semyon Kirlian desarrolló accidentalmente una técnica de fotografía de alta voltaje que parecía capturar el 'aura' o campo de energía de los objetos vivos. Este proceso, conocido como efecto Kirlian, consiste en colocar un objeto sobre una placa fotográfica sensible, aplicar una alta frecuencia y alto voltaje, y revelar la imagen resultante. Lo que aparece es una descarga eléctrica luminosa, similar a una corona, que rodea el contorno del objeto.
Lo fascinante es que estas imágenes varían según el estado del sujeto. Estudios posteriores demostraron que factores como la hidratación, el estrés, la hora del día o incluso la presencia de una enfermedad alteraban la forma, el color y la intensidad de estas descargas. Por ejemplo, una hoja fresca muestra un 'aura' vibrante, mientras que la misma hoja, horas después de cortada, la muestra notablemente disminuida.
Aunque la ciencia moderna explica el fenómeno como el resultado de la ionización del aire y la humedad en la superficie del objeto (no un campo de energía esotérico), el efecto Kirlian sigue siendo un poderoso recordatorio de que incluso los objetos aparentemente inertes interactúan con su entorno de formas invisibles y eléctricas. Es un puente visual entre la biología y la física que, décadas después, sigue generando asombro y debate.
Fuente: Investigaciones originales de Semyon Kirlian y estudios posteriores en bioelectrografía.