Un fenómeno poco conocido en la ciencia de los materiales sugiere que el agua posee una especie de 'memoria estructural'. Cuando el agua se congela, sus moléculas se organizan en cristales hexagonales. Si se funde y vuelve a congelarse rápidamente, estudios han demostrado que los nuevos cristales tienden a reproducir patrones similares a los anteriores, como si 'recordaran' su forma previa.
Esta propiedad, investigada por equipos como el del Dr. Gerald Pollack en la Universidad de Washington, podría explicar por qué el agua de deshielo de los glaciares antiguos tiene propiedades únicas que afectan la nucleación del hielo y la formación de nubes. En experimentos controlados, muestras de agua expuestas a ciclos de congelación mostraron una mayor coherencia en la formación de cristales en congelaciones subsiguientes.
La implicación va más allá de la curiosidad: comprender esta 'memoria' podría revolucionar la criogenización de tejidos biológicos y mejorar los modelos climáticos, ya que el comportamiento del hielo en los polos afecta directamente los niveles del mar y las corrientes oceánicas.
- Dato clave: Los experimentos se realizaron a temperaturas controladas de -15°C.
- Aplicación potencial: Mejora de técnicas de conservación de órganos para trasplantes.
Fuente: Pollack, G. H. (2013). 'The Fourth Phase of Water: Beyond Solid, Liquid, and Vapor'. Ebner and Sons Publishers.