El caracol de estanque (Lymnaea stagnalis) posee una habilidad que parece sacada de la ciencia ficción: puede aprender y retener recuerdos, a pesar de carecer de un cerebro centralizado. Su sistema nervioso está distribuido en tres ganglios que contienen apenas 20,000 neuronas, una fracción de las 86,000 millones que tiene un cerebro humano.
Investigaciones de la Universidad de Calgary demostraron que estos caracoles pueden aprender a evitar un estímulo desagradable (como una corriente eléctrica suave) asociándolo con un olor específico. Lo asombroso es que, tras un período de entrenamiento, pueden retener este aprendizaje durante al menos 30 días, un tiempo considerable para su esperanza de vida de 2 a 5 años.
Este fenómeno desafía la idea clásica de que la memoria requiere estructuras cerebrales complejas como el hipocampo. Sugiere que la capacidad de almacenar información puede ser una propiedad más fundamental y distribuida de los sistemas nerviosos, incluso los más simples. Estos hallazgos tienen implicaciones profundas para la neurociencia y la búsqueda de los mecanismos básicos de la cognición y la conciencia en la escala animal.
Fuente: Estudio de la Universidad de Calgary publicado en 'Current Biology' (2019).